Ana Isabel Campillo… De las minas a los escenarios
Como un cuaderno pautado que contiene la partitura de una obra maestra, así es la trayectoria de Ana Isabel Campillo Corrales, plena de armonía, y aunque incluye notas altas y bajas, esa misma variedad enriquece de música su vida y la vuelve más interesante, digna de vivirse y de contarse.
En los albores de su existencia, tuvo su primer acercamiento con la música: fueron clases de piano, precisamente con la maestra Emiliana de Zubeldía, quien le inculcó una fuerte disciplina. Años después, recién cumplidos los 15, regresó al mundo artístico para integrarse al Coro Universitario de la Universidad, donde permaneció durante nueve.
Campillo Corrales, licenciada en Geología, fue la segunda mujer en titularse de su generación, reconocida como estudiante por su alto promedio, rompió los paradigmas impuestos a su sexo, al laborar en dos compañías mineras.
Su preparación profesional no quedó allí: también estudió Letras Hispánicas en la Universidad de Sonora, y después se formó en Pedagogía Musical en la Universidad de Hermosillo.
La maestra de Música en la Universidad de Sonora desde hace 23 años, se distingue por un carácter alegre, positivo y el amor por los detalles que hacen algo muy especial su vida cotidiana. Aunque no formó un matrimonio, ha adoptado como hijos a sus alumnos: primero en los talleres libres y, después, en el Departamento de Bellas Artes.
La entrevista se desarrolla en el área de descanso de Bellas Artes, área que exige a sus alumnos se cuide y se mantenga limpia para que perdure por muchos años más.
Comparte que nació en Empalme, Sonora, en 1959, pero ante una huelga del sistema de ferrocarriles, sus padres, Adalberto Campillo Martens y Amparo Corrales Beylis, se trasladaron a Hermosillo en busca de nuevas oportunidades.
Ana Isabel irradia mucha energía, habla con los ojos, sus manos las convierte en recursos lingüísticos y una sonrisa intermitente, franca, adorna sus ideas, claras, contundentes, como sus expresiones corporales.
“Independientemente de los conocimientos, siento que Emiliana fue para algunos una persona mucho más importante que su bagaje musical. No supimos todos sus alcances, sino hasta después de su muerte” aseguró.
ENCUENTRO CON LA MÚSICA
Fue su madre quien, sin saberlo, marcó el destino de la académica al inscribirla en los años sesentas en clases de piano en la Universidad de Sonora, con una de las maestras más prestigiadas de la entidad, Emiliana de Zubeldía, y en una segunda etapa ingresó al Coro Universitario, donde permaneció desde el último año de secundaria hasta culminar sus estudios de licenciatura.
Sobre el estilo de enseñar de la maestra Zubeldía, lo describe como fuerte, de carácter dominante, que en un principio le impuso esa autoridad y disciplina que le ayudaron a entender este arte.
“En nuestra generación nos reíamos mucho, porque había clases en que se era la más inteligente y después la más tonta, no había un punto de comparación… así era estudiar con la maestra”, comentó.
Como integrante del Coro viajó a México entre los años de 1977 y 1982 para realizar presentaciones en el Poliforum Cultural Siqueiros, la Alianza Francesa y en Televisa, en el noticiario “24 horas”, con Jacobo Zabludowski.
“Yo me sorprendo, porque no éramos tan malos, porque no todos sabían música, de alguna manera llegaban a los talleres estudiantes de Agricultura, Ingeniería Civil, Ciencias Químicas, Contabilidad… fue un gran semillero”.
De su experiencia, dijo, que es muy valioso cómo los integrantes del Coro, a diario hacían su esfuerzo por aprender solfeo, conocer las partituras, y en cuestión de dedicación, todos se daban un espacio entre sus responsabilidades para ofrecer lo mejor en las presentaciones, porque el nivel de exigencia era muy elevado.
BÚHO DE CORAZÓN
Se considera búho de corazón, pues desde la preparatoria ha realizado sus estudios en la institución.
Mencionó que al culminar esta etapa, su familia le pedía que estudiara para maestra o secretaria, pero fueron las ciencias duras las que atraparon su interés.
Decidió estudiar Ingeniería Civil, en tiempos en que las mujeres no tenían la aceptación de la actualidad.
Su carrera cambiaría el curso de su destino: al llevar la materia de Geología General, con el maestro Guillermo Salas Pizá, atrapó a tal grado su interés que se dio de baja e ingresó de lleno a la Licenciatura en Geología.
Sacó adelante los estudios con beca de los Esposos Rodríguez. Su máximo logró fue haber sido distinguida como la mejor estudiante de la generación 1977-82, de la que egresaron únicamente tres mujeres, y al año se convirtió en la segunda en titularse.
El padrino de la generación fue Jorge Larrea, dueño de Mexicana de Cobre, a quien por medio de una carta le solicitó trabajo, el mensaje tuvo tanto impacto que fue asignada en los departamentos de Exploración de la mina de Nacozari, hasta que decidió renunciar, a principios de 1987.
A su regreso a Hermosillo falleció la maestra Zubeldía, y de nuevo se reunió la generación del Coro, que grabó un acetato especial, y a los días le ofrecen una plaza, en la que permanecería por diez años, en los talleres libres, en Historia de la Música, y empezó con clases de piano para principiantes y un poco de solfeo.
En 1997 se concreta el proyecto de las licenciaturas en el Centro de las Artes, al principio todos presentaban cierta resistencia al cambio del edificio del Museo al Centro de las Artes.
Dentro de los programas de la Universidad se le ofreció la nivelación académica, para lo cual estudió Pedagogía Musical en la Universidad de Hermosillo, donde presentó la tesis de Apreciación Musical, con la que se tituló en 1997.
Actualmente imparte las materias de Solfeo, Historia de la Música, Apreciación Musical y Música Aplicada a las Artes Escénicas, en las opciones de Danza y Teatro de la Licenciatura en Artes.
La inquieta docente presentó en el 2008 el libro "Materiales de entonación y rítmica", obra que servirá como material académico complementario para las áreas de Artes Escénicas, especialmente de danza y teatro, donde existe poco material relacionado, especialmente en rítmica y coordinación
Por su experiencia y preparación ha ocupado los cargos de Presidenta Académica, Secretaria General del departamento y ha sido responsable del Programa de Tutorías del Departamento de Bellas Artes.
“Puedo decir que ésta es mi alma máter, quiero, trabajo y vivo de la Universidad. Me pagan un sueldo por hacer lo que me gusta, aquí estudié dos carreras, ningún conocimiento estorba y tengo buenos recuerdos”, destacó.
MEMORIA GRÁFICA
Por entretenimiento, Campillo Corrales empezó en 1997 a tomar fotografías de las primeras generaciones de las diversas licenciaturas en Bellas Artes.
Captaba al grupo de estudiantes sentados, en grupo, a los integrantes de cada generación, ya que considera que la memoria grafica y la historia es muy importante, y a 12 años de distancia los alumnos lo consideran como parte de su historia: “Tenemos que tener claro quiénes somos, dónde estábamos y no olvidar nuestra historia”.
JUBILACIÓN
Mencionó que una vez que llegue el momento de su jubilación, se dedicará de lleno a la comprensión y dominio de las técnicas fotográficas.
“Hay un tiempo para todas las cosas: hay tiempo para enseñar y es necesario darle oportunidad a otras personas que presenten otras dinámicas. Siento que estoy en el lugar que me gusta, eso es importante, lo volvería a vivir, a lo mejor me atrevería a hacer más cosas”.
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