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Nuestros Universitarios

Rosalina Gamboa Gándara

 

La programación de su vida

 

 

“Yo vivo para la radio y a Radio Universidad la quiero mucho, para mí es un enlace de la institución con el pueblo, y hago mi trabajo pensando en la gente que nos puede estar escuchando en ese momento, la que nos mantiene aquí...”

 

Hace casi 38 años, un 24 de abril, Rosalina Gamboa Gándara comenzó su aporte en la emisora universitaria que en ese momento reiniciaba transmisiones después del conflicto estudiantil de 1973, que terminó con la desaparición de la FEUS y la imposición de la Ley Orgánica 103.

 

Con el paso del tiempo, la radiodifusora se convirtió en su segunda casa.

 

Comenzó en el puesto de secretaria discotecaria, pero fue aprendiendo, sobre todo, conociendo más de música y del resto del trabajo en la emisora, además de capacitarse con cursos, y en el año de 1980 obtuvo la plaza de programación y continuidad, que hasta este momento ocupa.

 

“Creo que sé hacer casi todo aquí en la radio: operación, locución, producción, menos la parte técnica, pero decidí quedarme en el área en la que estoy porque es la que más me gusta. Yo me encargo de la guía de continuidad diaria para los locutores en cabina, y de seleccionar los temas para diferentes espacios musicales”.


Recordó que anteriormente esta guía era diferente, porque debía tener muchas más especificaciones del disco y tema que pasaría al aire, pero ahora, con el uso de la computadora, todo se puede almacenar y programar desde ahí.


“Antes dejaba a los conductores una pila de discos LP, debidamente identificados; después, fue una caja pequeña con Cd’s, ahora no ha disminuido mi trabajo en cuanto a tener que seleccionar la música y seguir haciendo guías, pero con la programación en la computadora es más fácil la instrucción a los operadores y se ahorra material”.


Aunque no cuenta con una formación musical, ha aprendido gracias a su trabajo, ahora conoce todos los géneros, pero prefiere la música clásica y la mexicana.


Rezos y obligaciones


Rosy, como le llaman sus conocidos, nació en un rancho al pie de la montaña, cercano a Villa Guerrero, Jalisco; ahí, su familia trabajaba para sobrevivir. En los alrededores había ganado, siembra de maíz y frijol.

 

Sus primeros años estuvo rodeada de una vegetación completamente distinta a la del desierto de estas tierras, a las que llegó a vivir a los cinco años, pero en su mente aún quedan recuerdos de los ríos, los árboles de aguacate y yoyomos de su lugar de origen; además, de estar en las tierras de cultivo junto a su padre y sus tíos, la yunta y rodar por los enormes surcos.


De la mano de su abuela Modesta llegó a Hermosillo, su padre ya se había adelantado en busca de trabajo en este punto geográfico y también en los campos de Estados Unidos a donde se fue de “bracero”; su madre arribó tiempo después con sus cinco hijos menores para quedarse a radicar en la ciudad de los naranjos.


Dentro de sus remembranzas de infancia en la colonia Olivares, está el jugar con los vecinos, lo que se acostumbraba en aquel entonces; también bordaba y tejía con su abuela paterna, quien la crió hasta los 15 años.


“Cuando mi familia se vino de Jalisco yo seguí viviendo con mi mamá Modesta, ella siempre me trató muy bien, contribuyó mucho a mi formación. Me costó trabajo adaptarme a vivir con mis papás, porque estaba acostumbrada a estar con ella, pero sabía que tenía que hacerlo… era momento de hacerlo…”


Es hija de Josefa Gándara Reyes y José Guadalupe Gamboa Pinedo, quien falleció hace 15 años. La educación a su lado fue más estricta, apegada al respeto hacia los mayores y a otros valores morales, incluida la religión.


“Podíamos ver la televisión sólo después de cumplir con la tarea que se nos encomendaba y rezar; los domingos debíamos ir a misa, y, luego, como premio, veíamos el Teatro Mágico de Cachirulo en casa de una tía”.


Su mamá siempre se dedicó al hogar, y su papá primero laboró en el campo, y cuando ya se quedó a radicar en Hermosillo, trabajó en el ramo automotriz.


“Sigo siendo pobre, pero en aquel entonces éramos más pobres, y como en total éramos ocho, a veces no teníamos ni zapatos para ir a la escuela, no teníamos cuadernos. Eso sí, en la mesa siempre tuvimos frijoles y tortillas para comer, cuando se podía, lo combinábamos con lentejas, huevos y carne.


En 1982 sus padres se separaron, y ella, por ser la mayor, quedó como sostén de su mamá y de sus hermanos; y ante las situaciones complicadas que le ha tocado vivir, tiene la filosofía de que “valoras más lo que te cuesta trabajo conseguir”.

 

Golpeada, no arrastrada


Estudió en la escuela primaria Adolfo López Mateos, después ingresó a la Academia de Fátima, donde se formó como asistente de contabilidad, y luego comenzó a trabajar, lo hizo para diferentes despachos.


Más adelante, decidió estudiar la secundaria nocturna en la escuela Alberto Gutiérrez, cuando era de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Sonora (FEUS), y es en esta etapa de su formación que comienza a laborar en Radio Universidad.


“Los muchachos de la Federación la tenían como un servicio a la comunidad, los universitarios daban clases ahí, y estaba avalada por la Secretaría de Educación; ya después comencé la preparatoria en la Universidad de Sonora y la concluí en el Cobach, en el turno nocturno”.


En la alma máter estudió algunos semestres de la Licenciatura en Administración Pública, porque en 1985 decidió aprovechar otra oportunidad laboral que desde ese año comparte con su quehacer dentro de Radio Universidad.


“Vivo prácticamente para la radio, porque aquí vengo de las 7 de la mañana a las 2:30 de la tarde, después voy a Radio Sonora, donde trabajo en el área de discoteca; vuelvo aquí a las 9 de la noche y me retiro a las 11, entonces estoy todo en día haciendo esto que me gusta”.


Desde la fundación del Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad de Sonora (Steus) en 1976, y hasta 1992, participó de manera activa en diversas secretarías. Es simpatizante de la izquierda, aunque no lo hace con ningún partido político.


“Dentro del Steus, algunos compañeros me dicen Rosy ‘la arrastrada’, porque participé en el movimiento estudiantil universitario y los Micos (integrantes del Movimiento Mexicanista de Integración Cristiana) me golpearon y me sacaron de la Universidad jalándome de los cabellos, y no me arrastraron propiamente, pero ellos así me dicen, en especial la gente grande del sindicato”.

 

La programadora


Dentro de su labor como programadora en Radio Universidad debe cuidar que se cumplan los lineamientos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), incluir las pautas de gobernación y, en época electoral, el material que proporciona en Instituto Federal Electoral (IFE).


Al momento de programar música, debe tener en cuenta que el radioescucha tiene gustos variados y debe incluir material de distintos géneros, porque para ella la emisora no debe depender del gusto de nadie, sino ajustarse en brindar un servicio a la comunidad. 


“Me gusta lo que hago, si no me gustara hace mucho que me hubiera cambiado, creo que entré aquí y convivir con la gente que estaba en la radio en aquel entonces me hizo amarla, que me apasionara todo lo que se hace aquí”.


“Ser programadora es una responsabilidad muy importante porque tienes que pensar que el que te va a escuchar tiene diferentes gustos y tienes que olvidarte de lo que a ti te gusta para brindarles variedad en la música.


Como parte de sus funciones y su gusto por la música, está en constante búsqueda de temas que puedan interesar a los radioescuchas, que ahora considera más fácil gracias a portales de internet donde se comparte esta información.

 

¿Cómo le ha tocado vivir esta historia?


Tras casi 50 años, Radio Universidad cambió de instalaciones, y después de sus más de tres décadas laborando en la emisora, confiesa que está tratando de adaptarse al nuevo espacio.


“Desde que entré a la Radio estoy en el Edificio del Museo, ahí me sentía muy protegida; el museo es como mi segunda casa, hasta le decía a la gente que ahí me iban a poner en una vitrina (ríe). Pero hay que acostumbrarse, incluso a los ruidos de los autos que pasan por el puente.


“Yo fui de las que pedí, durante mucho tiempo, un lugar más digno, porque hay que reconocer que la gente no ubicaba fácilmente las instalaciones dentro del museo, qué bueno que se concretó”.


Lamenta que en el camino de la mejora y la tecnología, donde se incluye la radio en internet, también se hayan perdido algunas cosas como las frecuencias en onda corta y en Amplitud Modulada (AM).


Lo que más le preocupa de este cambio es el archivo de discos en LP, que es parte del acervo de la radio, porque en esta colección existen obras muy valiosas, material que no se encuentra en otro sitio, que aún está en el museo y que es necesario comenzar a digitalizar.

 

 

 

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