Toda una campeona
La jefa de Control Escolar de la Universidad quedó inmortalizada en el Salón de la Fama del Deportista Sonorense por su destacada trayectoria como gimnasta.
Cualquier deporte que se practique deja la experiencia de la disciplina, seguridad en lo que se realice a futuro y una gran enseñanza en muchos aspectos, considera Guadalupe Alejandrina Peña Porchas.
La jefa de Control Escolar de la Universidad logró obtener diez campeonatos nacionales consecutivos en gimnasia y es la primera mujer en ingresar al Salón de la Fama del Deportista Sonorense.
Reconoce que obtener sus triunfos fue con base en la constancia, pues acudía diariamente a sus entrenamientos; sin embargo, no recuerda esta etapa como algo difícil, sino como “un trabajo que no cuesta tanto cuando te gusta hacerlo”.
“Esa disciplina la trasladas más adelante a la vida diaria de manera que no te permite desistir tan fácilmente, en respetar horarios y asistencia, y en dar el cien por ciento en tu trabajo. En mi caso sí me he puesto la camiseta de la Universidad”.
Inicia la cosecha
Su infancia la califica como inolvidable, con mucha libertad, cobijada por sus once hermanos — todos mayores—, quienes siempre la han apoyado, y recuerda haber practicado otros deportes antes de dedicarse a la disciplina que marcaría su vida: la gimnasia.
Estudió la primaria en la escuela Angel Arriola, en el tercer año su profesor de educación física, Cruz García Alvarado, la seleccionó para entrenar, y a los ocho años de edad inició su preparación.
“La ventaja que teníamos en esa época es que Hermosillo era más chico, no había mucho en qué andarte divirtiendo, ni muchos cines, de tal forma que nosotros nos la vivíamos en el gimnasio, llegaba en la tarde y salía hasta en la noche, no hice cosas alternas, me enfoqué en eso.
“Era en parte mi manera de divertirme, porque en el gimnasio me la pasaba muy a gusto. Fue una parte muy importante de mi vida, llegó el momento que mi entrenador era como un padre para mí, y ahora la gimnasia representa una enorme satisfacción, algo que voy a tener siempre conmigo”.
Estar en la barra de equilibrio, saltar el caballo, hacer las rutinas en el piso o subirse a las barras asimétricas le hacían sentir emoción y nervios, sobre todo, cada vez que escuchaba su nombre, lo que implicaba que era la siguiente en competir. Pero eso quedaba olvidado por el orgullo de ganar.
Fue en 1970 que comenzó a competir a nivel municipal y nacional con una gran cosecha de medallas por equipo y a nivel individual, etapa que culminó en 1980 con un campeonato nacional a nivel universitario, siendo estudiante de la Escuela de Contabilidad y Administración de la alma máter (ECA).
Tras esto decidió dar paso a otra etapa en su vida: la de madre y entrenadora. Las aulas de la Universidad las dejó temporalmente para obtener después las licenciaturas en Administración y Contabilidad en un sistema más abierto y completar su preparación con una Maestría en Administración en la Universidad de Sonora.
Una inmortal
Hizo mención especial a su madre, quien la apoyó y acompañó en todo momento, y gracias a que guardaba todos sus documentos, premios y diplomas pudo sustentar sin problema su candidatura para ser entronizada.
Su ingreso al Salón de la Fama del Deportista Sonorense “Carlos Andrés Vázquez Castro” fue el 20 de noviembre de 1992, propuesta por la Universidad de Sonora. El comité elector, después de revisar su excelente trayectoria, decidió volverla una inmortal.
“Recuerdo ese día, fuimos tres personas las que ingresamos al salón de la fama, yo era la única mujer y me tocó decir las palabras por todos ante el gobernador Manlio Fabio Beltrones, el recinto aún estaba en el Centro de Usos Múltiples (CUM), fue una de las ceremonias más bonitas que ha habido”.
Ser la primera mujer en conseguir este logro es para ella motivo de orgullo y una de las mayores satisfacciones que ha obtenido en el deporte.
“Ahí se ve reflejada toda la disciplina, la dedicación durante 12 años, porque no niego que a veces era cansada la rutina, pero luego viene esto, el reconocimiento al esfuerzo que hiciste en aquel tiempo. Mi etapa de gimnasta no la cambio por este logro, pero esto es parte de todo aquello, la culminación de todos esos triunfos”.
Independientemente de que destacara en lo individual y ser la única que ingresó al salón de la fama de su equipo, reconoce que varias medallas se obtuvieron en conjunto gracias también al talento de sus compañeras gimnastas Lourdes Gutiérrez Sánchez, Leticia y Amelia Reséndez Torres, Eréndira Escobar y Eduviges Cervantes.
“Antes había un solo gimnasio y no teníamos las condiciones óptimas para entrenar, y aún así obteníamos los campeonatos, porque quizás teníamos la capacidad para desarrollar esos ejercicios y te adaptas a eso”.
Hizo un reconocimiento a su entrenador Cruz García, quien acaba de recibir un homenaje a su trayectoria en la gimnasia al develarse una placa con su nombre en la Escuela de Alto Rendimiento de Sonora; además, este 20 de noviembre también fue inmortalizado en el Salón de la Fama del Deportista Sonorense.
La universitaria
La charla con Lupita Peña se llevó a cabo en su oficina en el área de Servicios Escolares de la máxima casa de estudios, en ella se observa su amplia colección de tortugas en la que destaca una fotografía enmarcada con una imagen de este animal.
Desde 2003 se desempeña como jefa de Control Escolar, pero su relación laboral con la institución inició en 1995 como profesora en las carreras de Ingeniería Industrial, en la Escuela de Contabilidad y Administración (ECA) y en la Licenciatura en Educación Física.
La Universidad representa algo muy importante en su vida, no sólo porque ahora trabaja en la institución y estudió en sus aulas la secundaria y parte de su preparación profesional, sino porque desde los ocho años ha estado ligada a ella porque entrenaba en el antiguo gimnasio.
“Todos los entrenamientos me tocaron en ese gimnasio, acudí a diario durante 12 años, y ahora que se convirtió en Centro de las Artes cuando voy a algunos eventos a ese lugar me acuerdo donde yo saltaba.
“Ese tiempo era muy bonito porque los deportes se concentraban ahí, estaba chico y había gradas que se llenaban para ver entrenar, ahora con tanto entretenimiento la gente no se da tiempo para eso”.
Nace una campeona
Fue en 1960 cuando la campeona nacional llegó al mundo, el calendario marcaba el 8 de junio y la ubicación en el mapa: Hermosillo, Sonora, ciudad que años después se sentiría orgullosa de los logros de una de sus hijas.
Sus padres fueron los profesores Horacio Peña —ya fallecido—, y Celia Porchas, maestra jubilada de la escuela Angel Arriola.
“Mi mamá siempre nos llevaba a mis hermanos y a mí a todos los juegos, también practicó algunos deportes, es una de las fundadoras del Centro Estatal de Gimnasia, fue administrativa del gimnasio, de la Asociación Estatal de Gimnasia, de la liga municipal, y tiene un récord Guinnes por su colección de tazas”.
Su mirada se ilumina al hablar de sus hijos María Fernanda y Alejandro Torres Peña, sus ojos y sonrisa expresan lo que significan para ella y no puede decir de otra manera. “No hay palabras para eso, uno vive para ellos, los hijos son todo, y ahora los nietos también”.
Su hija radica en Phoenix, Arizona, está casada y ya le dio la dicha de ser abuela. Su hijo vive con ella en Hermosillo. Como era de esperarse, les inculcó la práctica de los deportes, aunque quien más destacó fue Alejandro, quien participó en varias competencias, incluidas las de gimnasia, y recientemente lo hizo en una carrera ciclista.
“Mis nietos también son súper deportistas, Jonathan practica beisbol y Kristen es futbolista”, dijo con orgullo mientras mostraba las fotografías de los pequeños que tenía a sus espaldas.
“Estar con ellos los primeros años de su vida e inculcarles también la disciplina de los deportes los ha hecho personas independientes, sanas y sin vicios. Son muy buenos hijos”.
Ahora quiere ser un buen ejemplo no sólo para sus grandes amores, también para otras personas, en especial los estudiantes, sobre todo si se crea el Salón de la Fama en la Universidad —al cual entrarían los que ya están entronizados en el de Sonora, en particular ella, porque fue campeona nacional universitaria— lo cual sería una motivación para que destaquen en los deportes.